MIENTRAS SOÑAMOS CON NUESTRA SEMANA DE PESCA EN LA PATAGONIA PODEMOS GANAR EXPERIENCIA Y DIVERTIRNOS A LO GRANDE CON LAS ABUNDANTES TARARIRAS QUE VIVEN CERCA DE CASA.

La tararira, ese modesto habitante de cuanto charco de agua más o menos permanente tenemos en las zonas cálidas está reclamando con sobrada razón un lugar de importancia entre nuestros peces mas deportivos. Hemos pescado casi todos los peces de agua dulce que pueden tentarse con una mosca y podemos garantizar que si en otros países tuvieran tarariras, estas serían la estrella de publicaciones muy especializadas.

Por mérito propio todas las variedades de tarariras se han ganado un lugar importante entre nuestros peces deportivos y lejos de ser el caballito de batalla de nuestros años jóvenes o de los primeros ensayos con la caña de mosca debemos considerar a las tarariras un rival de primera magnitud.

La búsqueda de ejemplares importantes de esta especie nos ha llevado a aventuras inolvidables; a veces profundamente sumergidos en las selvas amazónicas donde tarariras que holgadamente superan los 10 kilos no producen ni una mueca de asombro en la imperturbable sonrisa de los guías, otras entre las cuchillas Uruguayas buscando las enigmáticas azules o en muchas de nuestras aguas donde las Hoplias malabaricus reinan supremas.

Quien no haya amanecido en una laguna escuchando el suave murmullo del juncal, el sonoro parloteo de gallaretas y garzas, mientras de reojo adivinamos los brillantes tonos de un siete colores que recorre el juncal, se ha perdido el encanto de un ambiente muy singular.

La tararira es la reina de estos humedales en permanente cambio, siempre dispuesta a esperar paciente y sigilosa hasta la llegada de nuestro popper, que ruidosamente desata sus instintos cazadores resultando en piques de furia inusitada al menor movimiento de nuestro artificial.La ola que produce una gran tararira al atacar el popper hiela la sangre de los más experimentados. Tendremos que buscar bastante para encontrar otro pez que nos brinde un ataque tan violento, una pelea tan honesta a solo minutos de muchas casas.

La tararira es una gran acróbata y tenaz luchadora si tiene espacio para moverse, muy superior al regordete Bass Americano del cual hemos heredado muchas de las técnicas que empleamos con nuestras queridas Hoplias.

Encontrar tarariras en los meses cálidos es simple ya que no solo pueblan lagunas desde Buenos Aires hacia el Norte sino que son habitantes muy comunes de toda la cuenca del río de la Plata, muchos cursos interiores, las cuencas del Amazonas y del Orinoco.

Así tenemos tarariras desde Venezuela hasta el sur de la provincia de Buenos Aires.

La tararira toma en superficie con facilidad lo que agrega un componente visual a su pesca que no tienen otros peces y merece una legislación nueva que la proteja para el futuro. San Pedro sin ir muy para los que vivimos en Buenos Aires tiene una pesca de tarariras espléndida y sería una verdadera pena que volvieran a diezmarla los pescadores comerciales.

En las lagunas encadenadas hay signos de recuperación sobre todo las que tienen algún concesionario inteligente que entienda que los peces valen solo si se quedan en el agua. Considero urgente una reglamentación para la tararira en todo el país que limite la matanza al mínimo para recuperar el esplendor de la especie. Siendo la tararira un pez nativo muy rústico recuperarla es muy sencillo y el potencial turístico de este pez es muy importante sobre todo para un turismo local que necesita desesperadamente opciones económicas e inteligentes.

Hoy ya no todo el mundo puede acceder a las trucha ni a los dorados y la tararira puede convertirse más que en una alternativa, en una especialidad. Los que quieran vérselas con unas tarariras solo tienen que agenciarse unos poppers y algunas moscas tipo streamer unidas al leader por un liviano cable de acero de unas 15 a 26 libras.

Podemos emplear cañas desde línea 3 hasta línea 9 regulando el tamaño de las moscas de acuerdo a cada equipo.

Los modernos poppers de foam se lanzan con facilidad aún con las cañas más livianas y una tararira grande con una caña 3 es algo que deja recuerdos muy durables.

Los leaders conviene que sean sin nudos para no volvernos locos con las plantas, algas o verdín. No hace falta que sean muy largos ya que las tarariras no se preocupan demasiado por el leader, ni tampoco que sean cónicos si no los tenemos, u solo tramo de monofilamento entre el .40 de mm y .60 de mm funciona aceptablemente bien en casi todo momento.

Particularmente nuestra caña favorita para tarariras normales de línea 6 de acción rápida que lanza bien cualquier tamaño de popper y alcanza para dominar las tarariras laguneras mas grandes, por lo menos de Argentina. Las azules y amazónicas son otro cantar y con menos de caña para línea 7 vamos a arriesgar mucho en la pelea ya que las tarariras grandes saben donde engancharse si las dejamos correr descontroladamente.

Esas tarariras de tamaño jurásico son un tractor imposible de frenar con una caña débil y cualquier leader que no tenga al menos 15 libras, 20 mejor y 25 ideal. Las lagunas que tanto queremos obligan a una línea flotante por la gran cantidad de plantas que llegan a la superficie. Las cabombas y elodeas son un placer de ver pero una tortura cuando deciden engancharse en la línea y el leader formando una tenaz simbiosis que se resiste a abandonar nuestra línea.

Las mejores líneas para tirar los poppers son las de torpedos cortos como las Bass Bug Taper, las Saltwater Taper o las Redfish taper. Las Weight Forward convencionales si no llevan un torpedo demasiado largo son útiles también.

En zonas muy calientes es necesario usar modelos tropicales cuyo plástico no se ablanda con el calor como sucede con líneas para agua fría.

En medio de los juncales cuanta menos línea tengamos que manejar en el aire mejor y para esto las de torpedo corto son ideales.

Hay muchos lugares donde podremos emplear líneas de hundimiento para buscar tarariras de las grandes y generalmente preferimos las combinadas donde la parte de atrás flota. La tararira de río se comporta de manera diferente, siendo reacia a subir a la superficie desde su cómodo apostadero en el fondo desde donde no le resulta difícil hacerse de sábalos y boguitas descuidados.

Sin vegetación la tararira trata de camuflarse cerca del fondo donde se convierte inmóvil en un palo más de los cientos que tapizan el lugar, pero un palo muy malhumorado cuando algo comestible pasa cerca.

Las tarariras de laguna usan las plantas para esconderse y toman su color a la perfección esperando pescaditos o ranas sin desdeñas pájaros y cualquier cosa viva que se acerque a sus dientes.

Al pescar abajo las moscas tiene que ser de gran movimiento y fáciles de ver en las profundidades por lo que el color del agua es muy importante al elegir la mosca. En aguas turbias los colores negros y fluorescentes son de alto contraste y fácilmente vistos por los peces. En las aguas transparentes ya podemos alternar con tonos más naturales. Blanco y negro son dos colores que no deben faltar en las moscas de tarariras junto con el chartreuse entre los fluorescentes.

Pescada a fondo la tararira pierde parte de su encanto pero a veces no hay otra forma sobre todo cuando buscamos alguna cercana a los dos dígitos.

Preferimos siempre buscar desbordes y embalsados donde usar líneas flotantes, por ejemplo el río Dulce en Santiago de Estero tiene muchos desbordes con unas tarariras bárbaras que por la claridad de las aguas tenemos que pescar como si fueran bonefish.

La pesca de tarariras necesita adeptos que hagan fuerza para cuidar a este pez tan cosmopolita capaz de brindar tan buenos momentos.

Vadear hasta el pecho, tirar rodeado de juncos acertando nuestra mosca en mínimos recovecos son parte de los desafíos de pescar tarariras con mosca , una pesca que sin dudas mejorar como pescadores hasta niveles que nunca soñamos.